Iggy Azalea: Como una ráfaga

Iggy Azalea: Como una ráfaga

La carrera de Iggy Azalea está viviendo una transición. Luego de que su ex sello, Def Jam, la “congelara”, motivo que derivó en su salida del mismo y el anuncio inmediato de que su segundo álbum de estudio cambiará de nombre (de “Digital Distortion” a “Surviving the Summer”), la australiana le recordó a sus seguidores de Twitter que “no está muerta”. No lo está. En Chile eso se supo la noche del 10 de noviembre, la última antes del Fauna Primavera 2017.

Con el motivo de su participación en ese festival como eje de la primera visita de la rapera, en el show paralelo todo transcurrió rápido. Desde que entró a escena, a eso de las 21 y 40, hasta que la abandonó, cronometrada una hora después, las pausas no tuvieron su lugar entre las quince canciones elegidas (incluido un medley de exitosas colaboraciones: “Problem”, “All Hands On Deck”, “Pretty Girls” y “Booty”. Ese, su refugio pop, fue el lugar donde quedó más claro que desde el hip-hop pretende dar su parecer, marcar la diferencia, dar ese “algo” más que lleva a los artistas a la cima.

Rapeó, abogó por el canto del público en “Rolex”, se apoyó en DJ Wizz Kidd, su acompañante en la gira, en “Trouble”. El estadounidense aportó con segundas voces y guió el show desde su mesa. Pese a no lograr el éxito deseado, Azalea no dejó en el olvido a “Mo Bounce”, “Switch” y “Team”, los tres singles de adelanto del disco que nunca fue ni será. De hecho, las guardó para el final, en el momento de más catarsis entre los 1.500 que no lograron llenar La Cúpula, tal vez otra señal que grafica el momento de su carrera.

Las cuatro bailarinas de la gira llenaron de vida el escenario, pero en cada uno de sus movimientos la atención era para la reina de la noche. Bajó hasta el suelo apelando a su flexibilidad, sedujo con mordidas de labios, elogios a quienes le parecían guapos y miradas encandilantes. Llevó los tiempos del espectáculo. Le dio a sus hits el lugar oportuno (arrancó con “Work” y se despidió con “Fancy” y mucho papel picado), pero todavía queda la sensación de que el fantasma de “The New Classic” será difícil de borrar. Al menos lo intenta, con una ejecución vocal convincente -que, eso sí, descansa en secuencias grabadas y, en muchas ocasiones, en coros interpretados por otros, porque las colaboraciones protagonizan su carrera- y en una sucesión de rapeos pulcros. El repertorio se queda corto, pero Iggy Azalea es como una ráfaga. Pasa muy rápido, cambia el orden de las cosas y se va.

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