Opinión – La derecha encubierta que triunfó en las urnas

Si le pregunto ¿es Chile hoy un país de derecha o con electorado de derecha? Posiblemente usted conteste que no, aún siendo partidario o simpatizante de dicho sector, pero lo cierto es que si nos guiamos por las cifras presidenciales todo indica en esa dirección. En otro tipo de elecciones puede que el resultado sea más disperso pero la radiografía actual nos dice que si, al menos en cuanto a electorado comprometido (y efectivo).

Vayamos sumando. Somos un país asumido como conservador. Es cierto que aparecemos en el mapa mundial como un país que se moviliza a derribar barreras de discriminación, tabús religiosos validados legalmente y ampliando los derechos de minorías hasta ahora excluidas de los debates públicos. Usando métodos “muy a la chilena”, muchas veces desprolijos, pero avances al final de todo. Ahora ante la rotación de poder parece que una vez más nos quedaremos a medias, también en un sello “muy a la chilena”.

Sociológicamente una de las lecturas que se ha hecho es que los que más se atrevieron a expresar abiertamente su parecer, preferencia o color político fueron los jóvenes, especialmente en primera vuelta cuando aún estaba abierta la opción de Beatriz Sánchez, ya que posteriormente ese entusiasmo no se vio reflejado a la hora de poner fichas en una apuesta como Alejandro Guillier. Un nombre nuevo pero sin grandes propuestas que movieran la balanza hacia los enunciados más rupturistas o atractivos del Frente Amplio. Al final se impuso el bienestar personal y mediato por sobre las reformas de fondo, generales y a un plazo más extenso.

También da para metáforas cuando se habla del por qué la elección la perdió la Nueva Mayoría (o Fuerza de la Mayoría) además del Frente Amplio en circunstancias que no solo se trata de un partido perdido por un equipo sino ganado por méritos de un rival que mostró despliegue territorial, ganancia de indecisos y aumento de votación. Si bien creció la cantidad de votantes eso no pasó por la centro izquierda, bien pudieron ser los votos dormidos de Piñera que pensaron que ganaba fácil en primera vuelta, como el caso de La Araucanía, reducto reconocible de la derecha donde la expansión fue superior al 62%. Se puede hablar de un error al sobreestimar el potencial presidencial del FA, con un electorado aún caprichoso, volátil. La actitud de sus referentes pudo ser factor pero no se les debería endosar toda la culpa.

Acá vimos un castigo a la tibieza. No solo de parte del Frente Amplio sino que igualmente desde el comando de Guillier por no recoger de forma más activa los enunciados de ese sector.

Las conclusiones, aún en evolución son por ejemplo que los votos no tienen dueño, aunque algunos insisten en ello. Si las encuestas quedaron desacreditadas en primera vuelta en esta pasada lo fueron los oráculos. No faltará quien diga que el “Chino” Ríos anduvo más claro que Pepe Auth, pero honestamente no hubo sorpresas.

El Nuevo Congreso anticipa largas batallas con un favot misceláneo que hacen coherente el llamado a la unidad realizado por los ganadores, aunque del dicho al hecho… Ahí el rol articulador de Larroulet o quien sea designado como el Segpres de turno será clave para llevar una agenda que podría estar plagada de trampas en círculos y contratiempos, perjudiciales para el país.

¿Qué será de Beatriz Sánchez? ¿A qué se dedicará o de qué vivirá en estos cuatro años hasta la siguiente elección? Es una gran incógnita. La derecha tiene nombres para pensar a futuro, en la centroizquierda no hay mucho más. Su electorado veremos si madura o se mantiene como meros demócratas de escritorio, de redes sociales, donde para ir a marchas no titubean pero son flojos o escrupulosos para ir a las urnas.

Es de esperar que ahora que la historia se repite (Bachelet dándole la banda presidencial a Piñera) se haya aprendido de los errores: Chile Vamos aprendiendo a ser Gobierno desde el primer día (sin fanfarronear de más, no dejando puestos año y medio sin definir, etc), y la Centro Izquierda haciendo una oposición con sustento, ya que desde 2010 fueron recurrentes los bochornos y quiebres internos. Además tras el inédito escenario de la derecha volviendo al poder democrático tras medio siglo, en 2014 perdieron y en la vereda contraria no fueron capaces de generar nuevas figuras, volviendo así a una revisita innecesaria.

La guinda, el Gobierno de Michelle Bachelet tuvo éxito en su campaña: Logró que más chilenos fueran a votar, su problema es que fue por un candidato de centro derecha, con una cantidad de votos solo comparable a los años noventa, cuando nadie imaginaría que décadas después nos volveríamos un país de derecha, electoralmente hablando.

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