Opinión – Sanción a Canal 13: un precedente simbólico

Por Alejandra Riveros M.
Académica Escuela de Publicidad- Universidad Central de Chile.

La reciente sanción del Consejo Nacional de Televisión (CNTV) a Canal 13, es un hecho histórico en la trayectoria medial en Chile. La multa millonaria que el medio tendrá que pagar es un precedente para el resto de los soportes masivos de comunicación, particularmente en casos donde se expone la dignidad humana. Con esta decisión, se “golpea la mesa” y se sanciona de manera concreta, pero también de forma simbólica a quien intente nuevamente creer que “el fin justifica los medios”.

Lo más probable es que el ex director del matinal “Bienvenidos”, programa emitido por Canal 13, nunca pensó que sería despedido de su trabajo, como consecuencia de liderar un espacio que estaba trayendo un alto rating, gracias a la cobertura del caso más emblemático de violencia hacia las mujeres: la brutal agresión a Nabila Riffo. Sin embargo, el tratamiento de la noticia, el manejo de las fuentes y la lectura que se dio al hecho, atentaron contra la dignidad humana de esta mujer, quien fuera atacada por su ex pareja en la ciudad de Coyhaique, hace un año. Si lo vivido por Nabila ya era considerado como uno de los hechos más graves en el último tiempo, por lo “salvaje” de la agresión – perdió sus dos globos oculares- , situación que provocó una protesta social con un alcance inimaginable, movilizando a todos los sectores a manifestar un absoluto rechazo, el tratamiento del caso en el matinal del 13, fue calificado simplemente como inhumano. El cuestionamiento se centró en la forma de cómo fueron exhibidos distintos testimonios y, específicamente, en los detalles entregados frente al examen ginecológico aplicado a Nabila. Este tratamiento mediático solo demostró un pésimo accionar de profesionales de la comunicación, donde el factor ético estuvo totalmente omitido.

Las 500 UTM que debe cancelar Canal 13 no es lo relevante, sino que entender que esta sanción trasciende el mismo devenir social. Así, este hecho debiera motivar a diversos profesionales a reencontrarse con la vocación que algún día decidieran antes de estudiar una carrera ligada a las comunicaciones. Lo ocurrido debiera ser un llamado de atención para conservar el código de honor de los profesionales que algún día ostentaron en comprometerse con la verdad, con las personas y con la realidad. Esta condena, debe ser vista como un precedente simbólico, con el fin de reconsiderar una profesión, la que no puede estar ausente de valores, sino que necesita sustentarse en una perspectiva ética. Gracias al accionar del CNTV, los medios y los que declaramos ser comunicadores, tenemos una nueva oportunidad para reflexionar y recordar para qué fuimos llamados.

No nos cansemos entonces en declarar una vez más que los medios de comunicación ejercen un importante rol socializador en la realidad de hombres y mujeres, incluso, más potente que el propio rol que ejercen instituciones como la escuela, la iglesia o la misma familia. Por eso, gracias a esta sanción, quienes nos dedicamos a formar a nuevas generaciones de comunicadores, tenemos una instancia única: redoblar el esfuerzo para seguir declarando la importancia de nuestra labor, con un alto componente ético y de real trascendencia.

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