Rodrigo Larraín
Académico de la U.Central

Si la catedral de París se acaba, la nostalgia sería abrumadora, porque el incendio de Notre Dame conmueve ya que es una forma de vivir que todavía añoramos y queremos. Se lleva una parte de nuestra propia vida. Quizá porque Chile fue tantos años tributario de la cultura francesa. Más que los ‘ingleses de América’, fuimos los ‘franceses de América’, por lo que en nuestro subconsciente queda algo de la cultura gala. La Escuela de Artes y Oficios, las Escuelas Normales, el Intendente Vicuña Mackenna que hizo de Santiago un pequeño París, los historiadores chilenos que escribieron la historia de la Independencia como una analogía de la Revolución Francesa, los oligarcas que iban a Francia con vaca en el barco para la leche de los niños, los edificios y plazas del Centenario, las revistas de moda, la olvidada leyenda de las chilenas con un físico semejante a las francesas, los arquitectos e ingenieros, los uniformes de los soldados de la Guerra del Pacífico, las compañías de revistas frívolas fueron nuestro propio Moulin Rouge y antes de los Kevin y los Brandon fueron nuestros propios René, Margot o Chantal y para qué decir de las Natalie o las Nicoles. Y no olvidemos los suspiros que arrancó Brigitte Bardot. Antes de las reformas educacionales que nos hicieron tan cultos, los chilenos aprendimos francés. Así que de los libros de francés sacamos nuestros conocimientos de Francia y de París, ya que los libres tenían un plano de la ciudad y las lecciones se desarrollaban en sus calles. Nosotros sí que éramos hijos de Vercingétorix.

En nuestras vidas tenemos muchas razones para sentir dolor por el incendio de Notre Dame. Muchos han querido hacer una falsa dicotomía entre poner euros para la reconstrucción de la catedral o ponerlos para los niños que pasan hambre en el mundo. Como si el gran capital fuera partícipe de la caridad cristiana. Es bastante meritorio que quieran salvar la cultura europea que ese edificio representa. Porque veamos qué hubiera ocurrido en Chile si se quema nuestra catedral: 1ro habría subido el precio en UF del terreno, 2do, se habrían dicho frases como que Chile es un Estado Laico y hubiera habido propuestas de hacer un edificio nacional integrador de la diversidad, con espacios reservados a cuanto grupo haya, incluso de carácter increyente. Pero lo más probable es que terminaríamos con un ‘Mall histórico’, inmenso, colosal quizás, con acceso al metro y muchas ventajas más.

¿Pero por qué no se la hubiera reconstruido? La Basílica del Salvador, una joya de la arquitectura gótica nacional de 1870, sigue en el más completo, amenazando, de paso a los vecinos, pues está en ruinas y podría derrumbarse. No, no creo que nuestros magnates donen para su reconstrucción, así que soñemos con la nueva Notre Dame, la de París, aunque sea paradójico pues hemos vivido el Día del Patrimonio.