Por: Jorge Gajardo Millas
Académico. Escuela de Economía y Negocios
Universidad Central

A menos de un mes de las elecciones presidenciales en Argentina, el Presidente Mauricio Macri lanzó oficialmente su campaña para la reelección, bajo el lema “Si, se puede”. Tras el fracaso en las primarias que vuelve casi inminente el advenimiento del opositor Alberto Fernández, más allá del resultado de los próximos comicios, el escenario para el país trasandino, en el contexto internacional, no es de los mejores.

Una recesión mundial parece casi segura. De ello dan cuenta la ralentización de Alemania, el estado de la economía italiana y el bloque europeo, las menores tasas de crecimiento chinas, la casi recesiva economía brasileña, y unas expectativas por el suelo, de lo que es expresión elocuente la inversión de la curva de bonos, las medidas monetarias de tasas de interés extremadamente bajas yotros indicadores financieros.

Adicionalmente el contexto internacional posee particularidades nuevas y preocupantes, si consideramos la creciente espiral de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la fragilidad europea, además con un brexit duro ad-portas, la escalada agresiva entre Japón y Corea del sur, unido a brotes de zonas geopolíticas calientes; como el estrecho de Ormuz, el oriente medio -Libia y Yemen- y el mar de Japón, entre otras.

Ante este escenario, Argentina enfrentaría una posible recesión mundial y una guerra comercial con los peores indicadores económicos, después de Venezuela, en materia de inflación, ingresos, crecimiento, pobreza y finanzas públicas.

Además, lo hará sin acceso al crédito, paradojalmente en una coyuntura de tasas de interés bajísimas a nivel mundial y con un endeudamiento record que deberá servir con mayor peso a partir de 2021, siendo previsible que sus principales productos de exportación tendrán precios internacionales aún más deprimido.

Si bien el candidato kischneristase perfila como ganador, ya no estamos en la época de oro del kischnerismo post crisis de 2001; el modelo de Estado desarrollista de inspiración peronista se encuentra en medio de un frustrado intento de desmontaje.

Argentina deberá decidir qué tipo de inserción tendrá con el resto del mundo. Constituiría un grave error estratégico abrir su economía degradando aún más su todavía importante base industrial; más bien su desafío es una política de integración comercial, desarrollando su sector exportador con una mirada estratégica.