Por: Christian Reyes

Para los prejuicios con que venía, “Sonic” (2020) no es tan mala película como se pudiera pensar. No es que se recomiende verla por su calidad pero es justo reconocer que obtiene cierta regularidad básica gracias a la empatía de su protagonista animado -vital para encajar con públicos infantiles por ejemplo- y una premisa sencilla que no se enreda demasiado para llegar a puerto.

Fue conocida la reclamación de los seguidores del espinudo velocista respecto a la imagen que mostraba en los adelantos y vaya que sirvió el rezongo. Su aspecto es fresco y sus ojos -parte crucial en el reclamo- son fundamentales para exhibir sus bromas y sensaciones en la cinta, por más predecible que esta sea.

Algunas fortalezas del film son Jim Carrey, el rey de comedia dispuesto a lo que sea por sacarte una sonrisa y del otro lado Sonic. Solo Carrey podía llegar al nivel de histrionismo de un personaje de videojuego y darle equilibrio a un relato donde aunque todos sabemos lo que pasará, ayuda a cargar con algo del peso argumental con cada intervención de sus locuras. El propio Sonic 2.0 es entretenido de ver. Tiene parlamentos y movimientos que le ayudan a ser simpático y eso es fundamental. Tal como Pikachu en su película, las animaciones se roban el show por sí mismas.

Por otra parte James Marsden no es particularmente carismático ni en esta ni en ninguna de sus cintas y Tika Sumpter aunque estupenda no sabría decir si logró acomodarse a actuar hablándole al vacío en medio de las telas verdes del rodaje. La película es anticipable, predecible y todo sale como debería salir de acuerdo a lo que esperamos pero aún así se gana un leve pulgar arriba.

En síntesis “Sonic” es entretenida dentro de sus parámetros. La secuela aunque exagerada sobre sus merecimientos puede ser más real de lo que se piensa en tiempos donde el éxito es altamente relativo.

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Recomendación: Regular como producto pero entretenida para públicos infantiles juveniles.