Wilson Tapia Villalobos

Sí, es curioso lo que está pasando. Pero casi siempre lo que sale de lo común, lo curioso, tiene una base oculta. Por eso es que, en algunos, despiertala curiosidad. Y en los casos en que se trata de situaciones que afectan a la sociedad, a la comunidad de un país, o que se desperdiga por todo el mundo, más de alguien se preguntará si detrás de aquello hay algo perfectamente preparado que lo impulse; si, de un modo u otro, el poder intenta enviar un potente mensaje; o, derechamente, tras la “curiosidad” generar un ambiente que cambie el estado de cosas que amenaza la situación que ha impuesto y que lo beneficia.

         Al poder conservador que impera en Chile le resulta incómoda la situación creada después del estallido social del 18 de octubre de 2019. No sólo por las manifestaciones violentas y el reguero de destrucción que dejan, sino porque esa realidad ha comenzado a afectar sus intereses: la imagen del país ha abandonado el sitial atractivo en que estaba y capitales extranjeros que habían llegado, ya levantaronel vuelo en busca de zonas más sólidas y estables. Evidentemente, Chile dejó de ser el paraíso del que hablaba el presidente Sebastián Piñera.

Además, es evidente que la ciudadanía, a la vez de manifestarse contra la situación imperante, traslada esa visión a la política y a sus protagonistas. A sólo dos años de haber sido ungido mandatario, la popularidad de Piñera roza el 6%. Le queda cerca de la mitad de su mandato y las críticas sobre su accionar sólo van en aumento. Ello tiene diversas explicaciones que se despliegan desde su escasa habilidad comunicacional, hasta un egocentrismo que, si bien ha sido una herramienta muy exitosa para la creación de sus negocios y en la acumulación de una considerable fortuna, en la gestión política hoyno funciona con iguales resultados. Y es claro que eso se debe a que en Chile algo ha cambiado, porque, por otro lado, es imposible no reconocer que la mayoría de los chilenos que vota -la última vez llegó al 40% de los ciudadanos con derecho a voto- lo eligieron dos veces presidente. Por lo tanto, contaba con su simpatía, fe y confianza en que sería capaz de dirigir la construcción de un país mejor.

Hoy resulta muy claro que lo que se inició en octubre aún no encuentra el cauce adecuado.  Las demandas que allí se plantearon no han sido escuchadas.  Hasta ahora, las medidas adoptadas por el gobierno sólo han significado una disminución del patrimonio fiscal. Por lo tanto, las respuestas han tenido las limitaciones que esa realidad impone. Y es a aquella realidad a la que recurre de manera permanente el ministro de Hacienda, Ignacio Briones Rojas, cuando se ve enfrentado a responder acerca de la lentitud e insuficiencia de las medidas adoptadas. Pero el ministro Briones no aborda la realidad en su verdadera dimensión y con todos sus matices.  Tal vez no entiende lo que la ciudadanía pide, o sus mandantes, que lo tienen muy claro, le impiden que aborde las cuestión central: la necesidad de que las personas que tienen el poder económico, una minoría, dejen de fijarse como única meta la acumulación de más riqueza y den pasos solidarios para mejorar la situación de la inmensa mayoría de los habitantes de Chile. Pero para eso habría que abandonar el modelo neoliberal que impuso el régimen cívico-militar encabezado por el general Pinochet, cuestión que significa palabras mayores. Y es por eso que ya algunos han comenzado a hablar-aún en sordina, es cierto- de una guerra civil en ciernes o de ruido de sable en los cuarteles.

Estos oídos sordos son los que dan paso a la “curiosidad” que vivimos hoy. Los medios de comunicación han ido bajando el diapasón a las protestas, para subir la de la amenaza del coronavirus COVID 19. Hasta ahora, en Chile se han detectado 5 casos, ninguno de ellos fatal, todos provenientes del extranjero. Y en este punto parece conveniente recalcar que la hoy famosa enfermedad tiene una muy baja mortalidad.  Mucho menor que la influenza o de una epidemia como elébola.¿Por qué, entonces, tanta alarma?Son numerosos los pensadores que han dicho que no hay mejor herramienta que el miedopara sojuzgar la voluntad humana.El miedo es, sin duda, el más eficiente aliado con que cuenta el poder para someter a la ciudadanía. El miedo paraliza y cierra cualquier compuerta que haya abierto la sedición.

Ante esta realidad, es imposible no preguntarse ¿por qué en Chile tanta inquietud, que se refleja en medidas preventivas y en una constante voz de alerta ante una amenaza lejana? Hoy la demanda de mascarillas ha agotado el stock de las farmacias. Una demostración de que la campaña está haciendo el efecto esperado por sus impulsores. Y, también, la comprobación de que la sociedad chilena -y posiblemente buena parte de la población mundial- es manipulada con facilidad cuando la herramienta que se utiliza es el miedo.

Por supuesto, hoy nadie recuerda que, sólo ayer, nuestra preocupación principal era la sequía. Las autoridades del sector hablaban de la posibilidad de que, en un futuro cercano, debieran racionar el consumo de ese vital elemento. Hoy, el llamado es a lavarse las manos lo más seguido posible. ¿En qué quedamos?

Todas “curiosidades” que conforman nuestra realidad.