En una sociedad como la actual y donde las redes sociales son revisadas a cada minuto del día por millones de personas, los educadores también nos vemos enfrentados a una serie de noticias falsas que no hacen otra cosa que contaminar nuestra esencia del pensar, cada vez que estos medios de comunicación inciden profundamente en convicciones, valores y la capacidad de reflexionar para discernir aquello que puede ser verdadero o falso.

Existe una suerte de validación a ciegas que hacemos a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y en particular, a publicaciones que damos por fidedignas, principalmente por seguir a la masa de quienes le dan un ‘me gusta’ o un comentario’. Será entonces que, ¿en ocasiones es más cómodo no pensar por nosotros mismos? ¿nos atemoriza que el resto nos señale con el dedo, que vamos en contra de lo que piensan?

Pues bien, acá es cuando el sistema escolar chileno y la familia, también deben poner de su parte, es crucial enseñarles a infantes y jóvenes el saber distinguir cuándo una publicación en las redes sociales merece ser confiable o es sinónimo de falsedad. Si dudamos, la mejor estrategia es escudriñar en variadas fuentes de información y no quedarnos con lo primero que ven nuestros ojos. Los educadores debemos enseñar a expresar la opinión desde un juicio crítico y reflexivo, de lo contrario, caeremos en el juego de poder de los borregos siguiendo una gran masa, donde posiblemente opinemos por opinar.

No nos dejemos manipular por las denominadas fake news, más aún, cuando los temas que se publican pueden llegar a ser sumamente delicados e incluso transgreden al propio ser humano. Vayamos más allá de la información que nos ofrecen las redes sociales, ya que esto nos ayudará a pensar desde la razón y la emoción.

Carlos Guajardo
Académico Facultad de Educación, UCEN