Hasta el 31 de diciembre, Meghan Markle, Demi Lovato y Khloé Kardashian se mantenían como las mujeres más buscadas en universo de la web. No obstante, el pasado 1 de enero, Google (junto a Twitter, Facebook e Instagram) fue testigo del nacimiento de una nueva diva. Aunque Marie Kondo (34), quien acaba de estrenar una serie de Netflix, no baila, ni canta, ni actúa. Sólo ordena. Y es que la japonesa -de llamativo flequillo, amplia sonrisa y 1.43 de estatura- se ha convertido en una eminencia de la organización doméstica. Una especie de “dictadora”, dotada del irrefutable poder de decidir, a través de una pantalla, qué se debe tirar y que no. Pero, al parecer, Kondo no ha sido tan ordenada con su vida personal. Porque, al contrario de lo que declama, ella misma “almacena” demasiadas obsesiones en su despensa personal.

Marie Kondo nació 1984, en Tokio, en el seno de una familia que, según ella misma, la alentó siempre en el camino hacia el orden. Así, a los cinco años, se obsesionó con organización. “Hojeaba siempre cada edición de una revista, a la que mi madre estaba suscrita. Trataba de cómo organizar la casa”, mencionó en una charla para Google. De esa forma, el texto japonés La técnica de deshacerse cosas se convirtió en su libro de cabecera y no cesó en su búsqueda de guías. Ahí fue cuando decidió experimentar el método por ella misma. “Un día lo hacía con mi habitación, al día siguiente, con la de mi hermano, y al siguiente, la de mi hermana, después la cocina, el salón, el baño, la de mi otra amiga y, luego, el salón de clase del colegio. Pasé gran parte de mi adolescencia ordenando cosas”, comentó en 2015.

“Está bien, pueden afirmar con seguridad que soy una loca fanática del orden”, fue su mantra desde pequeña. Sobre todo, porque ahora es capaz de asumir que “tiraba los trajes de su padre y los bolsos de su madre”, sin permiso alguno. Es más, ella misma suele comentar, con su típico carisma, que durante la secundaria prefería quedarse ordenando estanterías en vez de realizar actividad física y que, cuando sus compañeros se ofrecían para ser el delegado de la clase, ella sólo quería ser la encargada del orden. A pesar de eso, Kondo sabía que había algo en su manera de ordenar que no la satisfacía por completo. Hasta que un día, tuvo -literalmente- una experiencia mística.

La obsesiva historia de Marie Kondo, la gurú del orden de Netflix
SERIESAfirma ser maniaca
ANDREA M.ROSA DEL PINO
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14 ENE. 2019 02:08

Marie Kondo INSTAGRAM
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La japonesa sintió que “el dios del orden” le habló. Desde entonces, se declara “fanática” incorruptible de la organización doméstica

Marie Kondo: Cómo un programa sobre cómo ordenar tu casa lo peta en Netflix

Hasta el 31 de diciembre, Meghan Markle, Demi Lovato y Khloé Kardashian se mantenían como las mujeres más buscadas en universo de la web. No obstante, el pasado 1 de enero, Google (junto a Twitter, Facebook e Instagram) fue testigo del nacimiento de una nueva diva. Aunque Marie Kondo (34), quien acaba de estrenar una serie de Netflix, no baila, ni canta, ni actúa. Sólo ordena. Y es que la japonesa -de llamativo flequillo, amplia sonrisa y 1.43 de estatura- se ha convertido en una eminencia de la organización doméstica. Una especie de “dictadora”, dotada del irrefutable poder de decidir, a través de una pantalla, qué se debe tirar y que no. Pero, al parecer, Kondo no ha sido tan ordenada con su vida personal. Porque, al contrario de lo que declama, ella misma “almacena” demasiadas obsesiones en su despensa personal. Marie Kondo nació 1984, en Tokio, en el seno de una familia que, según ella misma, la alentó siempre en el camino hacia el orden. Así, a los cinco años, se obsesionó con organización. “Hojeaba siempre cada edición de una revista, a la que mi madre estaba suscrita. Trataba de cómo organizar la casa”, mencionó en una charla para Google. De esa forma, el texto japonés La técnica de deshacerse cosas se convirtió en su libro de cabecera y no cesó en su búsqueda de guías. Ahí fue cuando decidió experimentar el método por ella misma. “Un día lo hacía con mi habitación, al día siguiente, con la de mi hermano, y al siguiente, la de mi hermana, después la cocina, el salón, el baño, la de mi otra amiga y, luego, el salón de clase del colegio. Pasé gran parte de mi adolescencia ordenando cosas”, comentó en 2015.”Está bien, pueden afirmar con seguridad que soy una loca fanática del orden”, fue su mantra desde pequeña. Sobre todo, porque ahora es capaz de asumir que “tiraba los trajes de su padre y los bolsos de su madre”, sin permiso alguno. Es más, ella misma suele comentar, con su típico carisma, que durante la secundaria prefería quedarse ordenando estanterías en vez de realizar actividad física y que, cuando sus compañeros se ofrecían para ser el delegado de la clase, ella sólo quería ser la encargada del orden. A pesar de eso, Kondo sabía que había algo en su manera de ordenar que no la satisfacía por completo. Hasta que un día, tuvo -literalmente- una experiencia mística.”A los 16, entré a mi habitación con una bolsa de basura en la mano. Sentí que quería tirar todo. Ese fue el clímax de mi estrés y en ese momento, colapsé y me desmayé. Un par de horas después, me desperté y en mi mente apareció la frase ‘mira las cosas de forma más cuidadosa’. No sé si fue una voz real o algo que vino de mí misma, Creo que fue ‘el dios del orden’. En ese momento, tuve mi inspiración”, reveló en 2016 al Sunday Times. Por otra parte, también fue una experiencia de vida la que completó KonMari. Porque, a los 18 años, Kondo empezó a trabajar un kiosko de un santuario sintoísta, donde vendía amuletos de la suerte. Allí se empapó con la filosofía espiritual y sentó las bases de su forma de trabajo: “transforma tu espacio sagrado, un lugar poderoso lleno de energía”. Un año después, Kondo entró a estudiar sociología en la Universidad de la Mujer Cristiana de Tokio, donde desarrolló un trabajo de fin de grado llamado ‘Cómo despejar tu piso’. Asimismo, formó una consultoría durante los fines de semana, que -de acuerdo con InStyle- llegó a tener hasta tres meses de lista de espera. De hecho, esa sería la razón por la que optó por escribir su primer libro, en 2011. De esa manera, Kondo profesionalizó su afición, viajó a Estados Unidos, fue invitada a grandes programas de televisión (como el de Ellen Degeneres), enseñó a las editoras de Vogue a ordenar sus armarios y en 2015 se transformó en una de las personas más influyentes para la revista Time por su determinación a la hora de deshacerse de cosas.

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Hasta el 31 de diciembre, Meghan Markle, Demi Lovato y Khloé Kardashian se mantenían como las mujeres más buscadas en universo de la web. No obstante, el pasado 1 de enero, Google (junto a Twitter, Facebook e Instagram) fue testigo del nacimiento de una nueva diva. Aunque Marie Kondo (34), quien acaba de estrenar una serie de Netflix, no baila, ni canta, ni actúa. Sólo ordena. Y es que la japonesa -de llamativo flequillo, amplia sonrisa y 1.43 de estatura- se ha convertido en una eminencia de la organización doméstica. Una especie de “dictadora”, dotada del irrefutable poder de decidir, a través de una pantalla, qué se debe tirar y que no. Pero, al parecer, Kondo no ha sido tan ordenada con su vida personal. Porque, al contrario de lo que declama, ella misma “almacena” demasiadas obsesiones en su despensa personal. Marie Kondo nació 1984, en Tokio, en el seno de una familia que, según ella misma, la alentó siempre en el camino hacia el orden. Así, a los cinco años, se obsesionó con organización. “Hojeaba siempre cada edición de una revista, a la que mi madre estaba suscrita. Trataba de cómo organizar la casa”, mencionó en una charla para Google. De esa forma, el texto japonés La técnica de deshacerse cosas se convirtió en su libro de cabecera y no cesó en su búsqueda de guías. Ahí fue cuando decidió experimentar el método por ella misma. “Un día lo hacía con mi habitación, al día siguiente, con la de mi hermano, y al siguiente, la de mi hermana, después la cocina, el salón, el baño, la de mi otra amiga y, luego, el salón de clase del colegio. Pasé gran parte de mi adolescencia ordenando cosas”, comentó en 2015.”Está bien, pueden afirmar con seguridad que soy una loca fanática del orden”, fue su mantra desde pequeña. Sobre todo, porque ahora es capaz de asumir que “tiraba los trajes de su padre y los bolsos de su madre”, sin permiso alguno. Es más, ella misma suele comentar, con su típico carisma, que durante la secundaria prefería quedarse ordenando estanterías en vez de realizar actividad física y que, cuando sus compañeros se ofrecían para ser el delegado de la clase, ella sólo quería ser la encargada del orden. A pesar de eso, Kondo sabía que había algo en su manera de ordenar que no la satisfacía por completo. Hasta que un día, tuvo -literalmente- una experiencia mística.”A los 16, entré a mi habitación con una bolsa de basura en la mano. Sentí que quería tirar todo. Ese fue el clímax de mi estrés y en ese momento, colapsé y me desmayé. Un par de horas después, me desperté y en mi mente apareció la frase ‘mira las cosas de forma más cuidadosa’. No sé si fue una voz real o algo que vino de mí misma, Creo que fue ‘el dios del orden’. En ese momento, tuve mi inspiración”, reveló en 2016 al Sunday Times. Por otra parte, también fue una experiencia de vida la que completó KonMari. Porque, a los 18 años, Kondo empezó a trabajar un kiosko de un santuario sintoísta, donde vendía amuletos de la suerte. Allí se empapó con la filosofía espiritual y sentó las bases de su forma de trabajo: “transforma tu espacio sagrado, un lugar poderoso lleno de energía”. Un año después, Kondo entró a estudiar sociología en la Universidad de la Mujer Cristiana de Tokio, donde desarrolló un trabajo de fin de grado llamado ‘Cómo despejar tu piso’. Asimismo, formó una consultoría durante los fines de semana, que -de acuerdo con InStyle- llegó a tener hasta tres meses de lista de espera. De hecho, esa sería la razón por la que optó por escribir su primer libro, en 2011. De esa manera, Kondo profesionalizó su afición, viajó a Estados Unidos, fue invitada a grandes programas de televisión (como el de Ellen Degeneres), enseñó a las editoras de Vogue a ordenar sus armarios y en 2015 se transformó en una de las personas más influyentes para la revista Time por su determinación a la hora de deshacerse de cosas. Pero algo cambió en su método cuando decidió formar una familia. Hace tres años, se casó con un hombre llamado Takumi Kawahara y, posteriormente, dio a luz a dos niñas, a quienes planeó enseñar su método desde antes de su nacimiento. “Cuando supe que estaba embarazada, discutí con mi esposo sobre el espacio que debíamos invertir. Por ejemplo, cuántos cajones debíamos darle a nuestra hija”, dijo al Wall Street Journal en 2017. No obstante, las cosas no han sido tan idílicas para Marie al tener niños en casa y ha debido cambiar su sistema. Ya no desea que los bebés eliminen los juguetes que no utilizan, sino que pide espacios definidos para los niños. Finalmente, y aunque puede ser muy tirana, Marie Kondo ha demostrado que sí puede deshacerse de sus obsesiones. Más aún cuando el desorden sus herederas ha llegado para transformar su vida.

Fuente: ElPaís.es