Por: Christian Reyes

PARTE 1

No puede dejar indiferente, en lo absoluto. Las historias que sostienen “Leaving Neverland” (2019) puede que en su visión general hayan estado como un susurro en la sociedad de los ochenta y noventa, especialmente la estadounidense, que pese a su incomodidad y hacer “vista gorda” de actos evidentes, lo seguía alzando como un ídolo frente al cual no se puede rendir nada más que pleitesía en vez de alguna recriminación o mera mueca.

Sobre el comentado documental de HBO es pertinente separar aunque cueste, la historia misma y la realización como tal. El trabajo audiovisual en sí son los testimonios de Wade Robson y James Safechuck. Su relación con la estrella en diferentes momentos y algunos matices de sus familiares, con el ascenso y caída de su cercanía con lo inalcanzable. El círculo de visiones sobre lo ocurrido es acotado y omite cualquier distracción del centro del tema, quizás en un paralelo a la intimidad con que se aborda el trato de los entonces niños con el ídolo. Simple, directo y sin más pirotecnia. Los detalles marcan este extenso material de más de dos horas que cuesta a ratos asimilar, es terror real, sin tiempo ni prisa en una pasada que no podemos seguir pasando por alto.

Hay que situar a los que tienen menos años lo que involucraba la figura de Michael Jackson en el mundo de los ochentas y noventas. Hoy no tenemos un referente del espectáculo de ese tono pero comprenderlo o intentar imaginarlo es vital para los que tienen menos de 30 años.

Los testimonios crudos en retrospectiva, es cierto, sobre alguien que ya no está vivo para defenderse pero donde hay certezas judiciales de por medio, hacen que de una vez por todas se marque un antes y un después. Los debates están abiertos; que el artista y su obra deben ser separados de su perfil personal suena menos probable cuando se trata de delitos contra menores.

Ojo, esta es la primera de dos partes. “Leaving Neverland” reescribe la historia de una leyenda del espectáculo, curiosamente obsesionado en vida con su figura, pero que hoy, en tiempos de redes sociales y de mitos derribados, está lejos de ser el contexto impune de tribunales sobornables y fácilmente impresionables que lo blindaron en el pasado. Tributo a Víctor Gutiérrez, periodista chileno que en 1997 con “Michael Jackson fue mi amante”, fue condenado judicialmente en Estados Unidos por atreverse a acusar al astro. Otros tiempos.

PARTE 2

Las segundas dos horas de “Leaving Neverland” (2019) nuevamente nos remecen. El comienzo en su recomendación de audiencias es explícito: Fuerte contenido sexual, contenido y lenguaje adulto. Tres sellos en medio de testimonios de niños de 7 a 10 años que conocieron en detalle a fondo de la cara más oculta, turbia y enfermiza del gran ídolo mundial del pop, Michael Jackson.

Así como la primera entrega (ambas por cierto recomendadas solo para mayores) abarcó -con calma y detalles- desde el contacto inicial hasta el desdén del primer adiós, esta segunda parte retoma desde 1993, con el meollo judicial de las primeras denuncias ante un juez, el perjurio de los otrora menores de edad, su paso a la adolescencia y el retorcido concepto de lealtad y grooming de las víctimas y sus familias para el que había sido su benefactor y mejor amigo.

Esta continuación inmediata tiene más contexto general, un par de nuevas voces y caras, es más psicológica que explícita sin perder la crudeza y ahondando más en las consecuencias de los abusos. En ese sentido el Rey del Pop sale de forma directa de la ecuación por buena parte de estas segundas dos horas, en otra diferencia o matiz de esta segunda parte del todo.

Al contrario de lo que algunos pudieran acusar, “Leaving Neverland” de Dan Reed no apunta específicamente a condenar a Michael Jackson por pedófilo, su propósito es más bien dejar que dos niños, hoy adultos, del selecto clan de sus “amigos favoritos” hablen lo que vivieron junto a él. Cómo fueron sus relaciones a distancia, sus códigos con el resto y lo más retorcido, el contacto físico. El rol de las familias obnubiladas queda sujeto como nadie al juicio público y deben ser de las aristas más expuestas.

Cómo lidian ahora los que tienen más de 30 años con los recuerdos, el legado artístico y la figura de M.J., es una compleja tarea personal y a su vez social. Completadas cuatro intensas horas, definitivamente algo ha cambiado, algo que en rigor debió pasar un par de décadas antes.