La aplicación fue creada por el ruso Yaroslav Goncharov y emplea redes neuronales para escanear caras y hacerlas más viejas, jóvenes, agregarles distintos tipos de barbas o incluso cambiarles el género, entre otras opciones.

Para los defensores de la privacidad, con estas acciones se le otorga demasiada información a la empresa sin saber qué harán con ella. “Todo este modelo de negocios está recogiendo cantidades masivas de datos personales sin ninguna idea de cómo podría ser utilizado en el futuro”, señaló el comentarista de tecnología Stilgherrian al diario ABC.au.

Las cláusulas establecen de una manera bastante estándar y superficial que los usuarios le otorgan a FaceApp una ‘licencia perpetua, irrevocable, no exclusiva, sin royalties, totalmente pagada y con licencia transferible’ para ‘usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados, distribuir, realizar públicamente y mostrar’ los resultados obtenidos. ‘Cuando publicas o compartes contenido de usuario en nuestros servicios, cualquier información asociada como el nombre de usuario, ubicación o foto de perfil serán visibles al público”, dice el documento legal según publica ABC.

“Pese a las reticencias, la compañía no concreta lo que sucedería si la compañía fuera disuelta o vendida, así como tampoco si puede ser trasladada la dirección fiscal de la misma para atenerse a otra regulación más permisiva con los datos recopilados”, detalla ABC.