Tras el ataque, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que ordenó matar al poderoso comandante de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución iraní, Qasem Soleimaní, para “parar una guerra, no para comenzarla”. Pese a sus palabras, Trump avisó que está preparado para “tomar cualquier acción que sea necesaria”, con respecto a Irán.